Un día antes de que el Papa León XIV partiera rumbo a Francia en septiembre, para realizar el cuarto gran viaje internacional de su pontificado, la tripulación asignada a su avión, conocido informalmente como “Shepherd One”, recibió instrucciones detalladas sobre las normas del vuelo.

Gennaro Anastasio, el jefe de cabina, indicó al personal que no se tomara selfis con el papa y que le estrechara la mano si él se la ofrecía, en lugar de besársela. También se instruyó a los miembros de la tripulación que no hicieran peticiones personales, como pedirle al pontífice que rezara por sus familiares.

El baño situado en la parte delantera del avión, reservado para el papa, debía revisarse repetidamente y mantenerse impecable. Se indicó al personal que no se dirigiera directamente al papa, sino que se comunicara a través de sus secretarios personales.

La sesión informativa también abordó cómo dirigirse al clero que lo acompañaba. A los cardenales, identificados por sus sotanas negras con fajines rojos y solideos, se los debía saludar como “eminenza”. A los obispos, que llevan solideos y fajines morados, se les debía tratar de “eccellenza”.

Anastasio, de 67 años, destacó la importancia de respetar correctamente el protocolo, aunque señaló que un obispo al que se llamara equivocadamente “eminenza” podría responder en tono humorístico que no ostentaba ese rango.

Fuentes: The New York Times Business.