El cinismo político estuvo en pleno despliegue en la reciente cumbre del G20 en Atlanta, donde el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, debatió sobre la conveniencia de una foto grupal con sus homólogos europeos y el anfitrión estadounidense Marco Rubio. Este intercambio diplomático ocurrió simultáneamente mientras Vladímir Putin continuaba su violenta campaña a través de Ucrania.
La situación ha generado un debate sobre si el mayor escándalo es la mera invitación a Lavrov o las interacciones casuales que compartió con líderes mundiales. Durante una recepción nocturna en el Salón de los Océanos del Acuario de Georgia, se vio a Lavrov charlando y bromeando con el ministro de Asuntos Exteriores alemán, otros colegas europeos y Rubio, incluso mientras niños, madres y soldados enfrentan la muerte en Ucrania.
Mientras que los funcionarios europeos se atribuyeron el mérito de negarse a posar para una fotografía con el ministro ruso, los críticos argumentan que este gesto equivale a una forma de protesta poco impresionante. Un boicot completo habría enviado un mensaje más fuerte a Moscú. En última instancia, el evento sirvió principalmente para permitir que el lado ruso simulara normalidad en la escena diplomática, un resultado predecible que no abordó la crisis humanitaria en curso.
Fuentes: Handelsblatt.