Dormir mal puede afectar mucho más que los niveles de energía en el trabajo. Los empleados pueden sentirse agotados, tener dificultades para concentrarse, tardar más en completar las tareas y ser más propensos a cometer errores. Los efectos pueden ser especialmente preocupantes en puestos que implican tareas monótonas, en los que la atención es fundamental.

Hans-Günter Weeß, director del centro del sueño de Pfalzklinikum, en Klingenmünster, afirma que dormir lo suficiente y tener un sueño reparador es importante para el rendimiento profesional, pero que muchas personas no lo consiguen. Según estudios citados en la fuente, las mujeres refieren problemas de sueño con más frecuencia que los hombres. Weeß también señala que los empleados de entre 45 y 60 años, las personas sometidas a un fuerte estrés laboral, quienes trabajan por turnos y quienes empiezan a trabajar temprano son grupos con mayor probabilidad de tener dificultades.

El sueño y el estrés laboral pueden reforzarse mutuamente. La carga de trabajo y los problemas en el lugar de trabajo pueden contribuir a dormir mal, afirma Jette Völker, psicóloga del trabajo y de las organizaciones en la Universidad de Mannheim. También puede ocurrir lo contrario: quienes han dormido mal pueden percibir las situaciones laborales como más estresantes, trabajar con menos eficiencia y acabar con una carga de trabajo aún mayor. Esa presión adicional puede empeorar el sueño.

Los efectos pueden aparecer rápidamente. Weeß afirma que incluso una sola noche sin dormir lo suficiente puede debilitar el sistema inmunitario. Al citar datos de estudios estadounidenses, señala que dormir una hora menos de lo que cada persona necesita se asocia con un aumento del 30 % en el riesgo de accidentes, mientras que dormir menos de cuatro horas se asocia con un riesgo de sufrir accidentes en la carretera y en el trabajo once veces mayor. Las alteraciones pueden acumularse cuando la falta de sueño se repite o se prolonga. Völker también señala que una sola noche de sueño de mala calidad puede estar relacionada con percibir las situaciones laborales estresantes como más amenazantes.

Después de una mala noche, Völker recomienda reconocer que la jornada laboral puede resultar más difícil y, cuando el trabajo lo permita, priorizar las tareas y elegir las que exijan menos esfuerzo cognitivo. Weeß sugiere empezar la mañana centrándose en los aspectos agradables del día, en lugar de pensar en las tareas que a uno le cuesta afrontar.

Otras estrategias para reducir el cansancio y la falta de atención incluyen hacer ejercicio ligero por la mañana, preferiblemente en un lugar luminoso; alternar duchas de agua caliente y fría; caminar o ir en bicicleta al trabajo; hacer pausas periódicas; e incorporar movimiento durante el día, por ejemplo, dando un paseo corto a la hora del almuerzo. Una siesta de entre 10 y 20 minutos durante una pausa también puede ayudar. Se puede consumir cafeína con moderación, pero no demasiado tarde.

Para dormir mejor, Weeß recomienda mantener horarios regulares para acostarse y despertarse, y reservar tiempo suficiente para dormir. Atenuar las luces y evitar los teléfonos, las redes sociales y otros medios digitales durante la hora anterior a acostarse puede ayudar. También aconseja dejar pasar suficiente tiempo entre la hora de acostarse y la cena o el ejercicio nocturnos, evitar quedarse dormido frente al televisor y tener cuidado con el alcohol, porque puede alterar el sueño profundo.

Weeß destaca la importancia de desconectar de las preocupaciones cotidianas antes de acostarse. Las pequeñas rutinas nocturnas, los ejercicios de atención plena o escribir las preocupaciones en un diario pueden ayudar a dejar mentalmente atrás el trabajo. Advierte que presionarse para quedarse dormido puede aumentar la tensión, lo que dificulta el sueño.

La decisión de hablar de los problemas de sueño en el trabajo depende de las preferencias personales. Durante un periodo de estrés pasajero, contárselo a los compañeros puede aliviar la presión y ayudarles a comprender que alguien esté distraído o llegue de mal humor. Sin embargo, Völker señala que hablar del tema no debe considerarse una recomendación válida para todo el mundo, especialmente para quienes prefieren mantener separadas la vida laboral y la privada.

Las noches de insomnio ocasionales no indican necesariamente un trastorno del sueño. La fuente describe un trastorno como la dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido al menos tres veces por semana durante más de cuatro semanas, junto con un efecto perceptible en el bienestar durante el día. En ese caso, Weeß recomienda buscar ayuda profesional, empezando por el médico de cabecera, en lugar de esperar demasiado. Los empleados también pueden preguntar si su empleador ofrece apoyo preventivo. Los responsables pueden ayudar fomentando que los empleados se desconecten del trabajo, teniendo en cuenta sus preferencias individuales.

Fuentes: Handelsblatt.