Varios anfitriones y huéspedes de Airbnb han sostenido que los alquileres de corta duración pueden apoyar a las comunidades locales y ofrecer una forma de viajar más personal, en cartas que responden al artículo de Arwa Mahdawi sobre los anfitriones que se oponen a las nuevas directrices, publicado el 28 de octubre.
Alasdair Wright, que alquila dos casas rurales con cocina propia en la granja familiar de Wester Ross, dijo que esos ingresos le permiten vivir en la zona, criar a sus hijos y gastar dinero en los comercios locales. También afirmó que le permiten hacer voluntariado como concejal comunitario, cargo que ocupa desde hace 25 años. Aunque reconoció que Airbnb ha perjudicado a algunas comunidades urbanas, se opuso a que se trate a los anfitriones como un grupo homogéneo y calificó de poco prácticas las nuevas directrices sobre lavar los platos.
Wright dijo que, si no se espera que los huéspedes laven los platos, los anfitriones quizá tengan que proporcionar suficiente vajilla y cubiertos para cada día de la estancia. También cuestionó la idea de que los anfitriones que limpian después de los huéspedes cobren precios similares a los de un hotel sin ofrecer servicios hoteleros. Según escribió, un grupo de cinco personas había reservado su alojamiento para el febrero siguiente y cada huésped pagaría 25 libras por noche.
Wright añadió que su comunidad está solicitando financiación al Scottish Land Fund para construir viviendas asequibles para la población local. Según dijo, las asociaciones de vivienda habían indicado al grupo un alquiler anual medio para una casa de dos dormitorios que equivalía al 20 % de lo que esa misma propiedad podría generar como alquiler de corta duración.
Otros corresponsales destacaron el valor de recibir visitantes en sus propias casas. Mary Blair, de Belfast, dijo que dar la bienvenida a huéspedes les había brindado a ella y a su marido amistades e ingresos adicionales, que destinan a vacaciones ocasionales y algunos caprichos. Jill Cadorath, una viajera de Exeter, afirmó que las conversaciones con los anfitriones, las comidas compartidas y sus recomendaciones locales pueden hacer que los viajes sean más agradables.
Paula Chatlani Davidson, que ofrece alojamiento rural en Francia, dijo que se reúne con los huéspedes, limpia después de ellos y espera que actúen con sentido común. Cuestionó las normas que impiden a los huéspedes llevarse la basura fuera del alojamiento y se opuso a considerar que lavar los platos sea una tarea irrazonable; argumentó que su alojamiento es una casa con cocina propia, no un hotel.
Bruce Hartican, anfitrión y huésped en Bega, Australia, dijo que Airbnb había resuelto con rapidez algunas disputas ocasionales sobre las descripciones de las propiedades o el estado en que los huéspedes dejaban los alojamientos. También señaló el atractivo de disponer de un espacio privado, preparar comida local y alojarse por menos dinero que en un hotel.
Fuentes: The Guardian Business.
